El caso que abrió los ojos a la profesión
En junio de 2023, el juez federal Kevin Castel del Distrito Sur de Nueva York firmó una resolución que recorrió el mundo jurídico en cuestión de horas. El caso era de aviación, una reclamación de un pasajero contra Avianca por una lesión a bordo. Lo que llamó la atención no fue el fondo, sino el escrito que presentó el abogado del demandante: contenía seis citas jurisprudenciales que no existían.
Las sentencias citadas tenían nombre, número, fecha y un párrafo argumentativo. Todo era plausible. Todo era falso. El abogado las había pedido a ChatGPT y las había incorporado al escrito sin verificar ninguna. Cuando el tribunal contrario denunció la imposibilidad de localizarlas, el letrado pidió a ChatGPT que confirmara que existían. El modelo confirmó. Las sentencias seguían sin existir.
El juez impuso una sanción económica al abogado y a su despacho. El argumento de la resolución es el que importa: la responsabilidad profesional de verificar las afirmaciones que se llevan a un tribunal no se delega en una herramienta. Da igual que la herramienta sea un becario, un buscador o un modelo de lenguaje. Si firmas, respondes.
El caso se conoce como Mata vs Avianca (Roberto Mata v. Avianca, Inc., 22-cv-1461, S.D.N.Y.) y es la referencia inevitable cuando se habla de IA generativa en derecho. Tres años después, sigue siendo un buen punto de partida para entender qué pasa cuando una herramienta diseñada para producir texto coherente se usa en un terreno donde la coherencia no basta.
Los números: 58 por ciento a 88 por ciento de error
En enero de 2024, un equipo de investigadores del Stanford Institute for Human-Centered AI publicó el estudio "Hallucinating Law: Legal Mistakes with Large Language Models are Pervasive". Probaron tres modelos punteros (GPT-4, Llama 2, PaLM 2) con preguntas legales reales sobre derecho federal y estatal de Estados Unidos. Las cifras son las que son:
- GPT-4 alucinaba al menos un dato relevante en el 58 por ciento de las respuestas legales analizadas.
- Llama 2 llegaba al 88 por ciento.
- PaLM 2 quedaba en torno al 72 por ciento.
Las alucinaciones no eran errores periféricos. Incluían sentencias inventadas, citas a artículos inexistentes, atribuciones erróneas de doctrina. El estudio fue replicado y matizado por otros equipos en los meses siguientes. La tendencia se mantiene: la frecuencia de error es estructural, no anecdótica, y aumenta cuanto más específica es la pregunta jurisdiccionalmente.
Trasladar esos porcentajes al derecho español es directo. La materia es más tecnificada, más circunstancial y más sujeta a tiempos de modificación normativa. Una IA generalista entrenada con datos del 2023 no sabe que en 2026 se aplica la Orden PJC/297/2026 con sus nuevas tablas. Si le preguntas, te responderá con cifras de 2022. Y lo hará con la misma confianza con la que te respondería bien.
Por qué inventan: cómo funciona una IA generalista
Una IA como ChatGPT, Gemini o Claude es un modelo de lenguaje entrenado para predecir la palabra siguiente más probable a partir de un texto previo. Su entrenamiento condensa miles de millones de páginas de internet en patrones estadísticos. Cuando le preguntas algo, no consulta una base de datos: genera la respuesta tomando como base esos patrones.
Cuando le pides "cita una sentencia del Tribunal Supremo sobre falso autónomo", el modelo no abre el CENDOJ. Calcula qué texto sería plausible como respuesta a esa pregunta. Si el patrón estadístico le sugiere que existe una sentencia con tales características, la genera con nombre y fecha. La invención no es un fallo: es exactamente el funcionamiento normal del sistema.
El problema es que la coherencia narrativa de la respuesta no se distingue, mirando solo el texto, de la veracidad. Una sentencia inventada del Tribunal Supremo puede ser indistinguible, en redacción, de una real. Y un modelo no puede decir "no lo sé" si su mecanismo le lleva siempre a producir la palabra siguiente más probable.
La alternativa: arquitectura RAG con fuentes oficiales
Hay otra forma de construir IA jurídica. Se llama RAG (Retrieval-Augmented Generation) y cambia el orden de las operaciones.
En un sistema RAG, ante cada consulta el sistema:
- Busca en una biblioteca de documentos oficiales los pasajes más relevantes para la pregunta.
- Los pasa como contexto al modelo de lenguaje, junto con la consulta.
- El modelo genera la respuesta anclada a esos pasajes recuperados, con la cita correspondiente.
La diferencia operativa es simple: lo que no está en una fuente recuperada, no se afirma. Si la biblioteca no tiene una sentencia que responda a la pregunta, la respuesta lo dice. Si la tiene, se cita y se enlaza.
Esto es lo que hace Legatiq: lee solo seis tipos de fuente oficial (BOE, boletines autonómicos, ordenanzas municipales, jurisprudencia consolidada, criterios de entidades públicas, convenios colectivos), y cada respuesta se construye sobre los pasajes recuperados con su enlace al texto original. Pinchas el enlace y llegas al BOE, al CENDOJ o a la sede de la AEAT, sin intermediarios.
Una IA RAG sigue siendo una IA. Puede equivocarse al elegir el pasaje relevante, al sintetizar, al traducir el lenguaje técnico. Pero no inventa sentencias, porque no genera el texto desde patrones estadísticos: lo construye desde fuentes verificables. La diferencia es enorme en términos de riesgo profesional.
La responsabilidad del profesional
El Código Deontológico de la Abogacía Española es claro en el deber de competencia y diligencia: el abogado responde por la calidad técnica del trabajo que firma, incluyendo la veracidad de las afirmaciones que sostiene ante un tribunal o un cliente.
Esa responsabilidad no se transfiere a la herramienta utilizada. Da igual que la herramienta sea un becario, un buscador o un modelo de lenguaje. Si una alegación es falsa porque la IA se la inventó y el abogado no la verificó, la responsabilidad es del abogado. La doctrina del Mata vs Avianca, aunque venga de un tribunal estadounidense, refleja un principio universal de responsabilidad profesional aplicable también en España.
Lo mismo aplica a gestores, asesores fiscales y cualquier profesional que firme un dictamen o un escrito basándose en información obtenida de una IA. La firma certifica el contenido. El contenido tiene que estar comprobado.
En España, los colegios de abogados han empezado a publicar guías sobre el uso responsable de IA en el ejercicio de la profesión. La línea común: la IA puede acelerar borradores, pero la verificación de cada afirmación contra la fuente original es responsabilidad indelegable del profesional.
El AI Act europeo y lo que viene
El Reglamento (UE) 2024/1689 del Parlamento Europeo y del Consejo, conocido como AI Act, establece un marco europeo para los sistemas de inteligencia artificial. Para el caso legal hay dos previsiones relevantes:
- Sistemas de alto riesgo: el AI Act clasifica como tales a las IA usadas por la administración de justicia o por autoridades para asistir en la resolución de casos. Estos sistemas tienen obligaciones de evaluación de conformidad, transparencia y supervisión humana.
- Sistemas de uso general: las IA generalistas (modelos de fundación como GPT-4, Gemini, Claude) tienen obligaciones de transparencia. Cuando un usuario interactúa con una IA, debe saber que interactúa con una IA, y la salida no debe presentarse como información factual sin verificación cuando hay riesgo de error material.
Las obligaciones del AI Act se han ido aplicando por fases desde 2025. Para los sistemas de alto riesgo, el grueso de las obligaciones operativas entra en vigor durante 2026. Lo relevante para esta discusión: el regulador europeo asume que el riesgo de error es real y exige medidas para mitigarlo.
Cómo distinguir una IA legal seria de una IA generalista con barniz
Si vas a confiar trabajo legal a una herramienta de IA, hay tres preguntas que conviene hacer antes:
¿De dónde saca cada afirmación? Si la respuesta es "lo aprendió en su entrenamiento", es una IA generalista. Si la respuesta es "lo recuperó de un BOE concreto que puedes pinchar y leer", es una IA con arquitectura RAG sobre fuentes oficiales. La diferencia operativa para tu trabajo es enorme.
¿Cita siempre la fuente? Una IA seria muestra el enlace exacto a la norma o sentencia que ha usado. Una IA generalista te puede dar una redacción brillante sin enlazar a nada, o enlazar a páginas que no existen. La presencia de citas verificables es el primer filtro.
¿Qué pasa cuando no encuentra respuesta? Una IA RAG bien construida lo dice. Una IA generalista nunca dice "no sé": siempre te devuelve algo, sea correcto o no. La capacidad de admitir el desconocimiento es paradójicamente una señal de fiabilidad.
Lo que hacemos en Legatiq
Legatiq lee solo fuentes oficiales españolas y europeas. Toda respuesta se construye sobre los pasajes recuperados con su cita verificable. Cuando la pregunta no encuentra base normativa adecuada, el sistema lo dice. La verificación humana adicional la hace una abogada antes de cualquier publicación de contenido en este sitio.
No es la única forma de construir IA jurídica fiable, pero es la que hemos elegido porque elimina de raíz la categoría de error más cara: la afirmación inventada con apariencia de hecho.
Si quieres profundizar en la arquitectura técnica concreta, lo explicamos en las seis fuentes oficiales que lee Legatiq.
Si quieres ver el directorio completo de fuentes con enlaces a cada una, está en fuentes oficiales.
Y si quieres probarlo con tu propia consulta, Legatiq es gratis durante el plan básico.
Preguntas frecuentes
¿Qué es exactamente una alucinación en IA?
Una respuesta que el modelo genera con apariencia coherente pero que es factualmente incorrecta: una sentencia que no existe, una ley con texto inventado, un artículo del BOE con número falso. El modelo no sabe que se equivoca; produce el texto más plausible según los patrones que ha aprendido.
¿Por qué inventan citas legales las IA generalistas?
Porque no recuperan el texto real de la fuente: lo reconstruyen desde patrones estadísticos. Si el patrón sugiere que una sentencia X debería existir, el modelo la genera con un nombre, una fecha y un argumento que parecen convincentes. La precisión es accesoria al objetivo primario, que es coherencia narrativa.
¿Es responsable un profesional que usa una IA y le suministra información falsa?
Sí. La responsabilidad profesional no se transfiere a la herramienta. El abogado, el gestor o el asesor que firma un escrito o un dictamen responde por su contenido. Si la información viene de una IA y es errónea, sigue siendo responsabilidad del profesional verificarla antes de usarla.
¿Qué pasó exactamente en el caso Mata vs Avianca?
Un abogado neoyorquino presentó un escrito ante el tribunal con seis citas jurisprudenciales generadas por ChatGPT. Ninguna de las seis sentencias existía. El juez Castel impuso una sanción de 5.000 dólares al letrado y a su despacho por incumplir el deber de verificación, en una resolución de junio de 2023 que se ha convertido en referencia mundial.
¿Sirve cualquier IA para temas legales si verifico todo manualmente?
Si vas a verificar cada cita contra la fuente original, la IA solo te aporta velocidad de redacción inicial. El problema es que la verificación post hoc es lenta y costosa. Una IA con arquitectura RAG (recuperación contra fuentes oficiales) reduce el riesgo de origen porque solo afirma lo que está en la fuente recuperada.
¿Qué dice el AI Act europeo sobre IA en derecho?
El Reglamento (UE) 2024/1689 califica como sistema de alto riesgo a la IA usada por la administración de justicia o por autoridades para resolver casos. Para las herramientas usadas por profesionales del derecho fuera de ese contexto, las obligaciones son de transparencia: el usuario debe saber que interactúa con IA y la salida no debe presentarse como información factual sin verificación.
Fuentes oficiales consultadas
- 01Hallucinating Law: Legal Mistakes with Large Language Models are Pervasive (Stanford HAI)Stanford Institute for Human-Centered AI2024-01-11
- 02
- 03Código Deontológico de la Abogacía EspañolaConsejo General de la Abogacía Española
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